martes, 7 de febrero de 2023

 

LA SOLEDAD ERA ESO

 

Y así comienzas a vivir solo, con la soledad

Trayendo y llevando cosas de aquí para allá

Sin saber dónde colocarlas por inutilidad social

Y por un cierto recuerdo de una niñez similar

Acompañada de falsas realidades inocuas,

Importantes en la madurez ya por indefensión.

 

Y, una vez que has dado el gran salto

de la melancolía,

de la destreza de esquivar lo tóxico y desechable,

comienzas a soñar una vez más en lo imposible,

lo indefectiblemente inevitable por certero,

para regresar de nuevo al inicio de los hombres.

 

La comida, siempre innecesaria, no es un ágape,

Sino materia gris que te mira de reojo en el plato

Que despotrica de tus pensamientos e ideas

Recogidas en la experiencia machacona de los días

Que circulan felices con este sol ya insoportable,

Mero gesto de defensa que no abre el campo de visión.

 

Ahora, jactancioso, disimulas esa debilidad común a la edad,

Interpretas lo que te rodea con demasiada mesura,

con gesto divino prepotente, mas no humano,

para desembocar en los confines de la historia doméstica,

la que, a todos, nos dejará al margen de la civilización,

allí donde los mortales gritan sin ser oídos jamás.

 

DESVELO

 

 

A veces me pregunto, ¿qué hago yo aquí,

en este mundo tan rural e impasible de barbarie

ineficiente, de gente asentada en sus creencias tan vetustas,

de gestos locales que rastrean de lo eterno la insustancia?

 

Recupero a veces… con este asma decimonónico,

a fuer de realizar un intento inútil y sufrido

de escuchar insensateces verbales espontáneas,

esas abruptas verdades del que es muy cándido,

del que olvida su pasado más reciente muy, muy rápido.

 

Y me despliego con mi alma más fraterna ante la voz

menos sonora, sin compás que defienda mi rechazo más profundo,

a la falta de espectáculo circense novedoso y giratorio

que refiera novedades, a mis más antiguas pretensiones terrenales.

 

CREMACIÓN

 

Moriré junto a los viejos eucaliptos de cerca de casa

y los hombres no podrán hacer hogueras con sus hojas

pues apenas arden ante el fuego eterno que nos abrasará,

porque no son ideales para viajar al más allá, al infinito

donde árboles más nobles sirven de sustento al esqueleto.

 

Igualaré mi desidia a la de los más arrojados y fuertes,

a los que instituyeron el arte del final con maderas dulces

que les dejarán un olor acre al alma impúdica de los humanos,

a los que no huyeron del destino fatal de la envidia

que en vida es solo un mero gesto cotidiano y procaz.

sábado, 4 de julio de 2020


En dirección norte


Para no perder el ansiado norte
Compré una brújula en el viejo mercado de buhoneros,
Advirtiendo solemnemente que la idea de la perdición
Era fortuita, ineficaz y plausiblemente incierta,
Ajustada a la raigambre del origen de los pequeños destinos,
Los que se ignoran por falta de llegada
O, acaso, por conocidos pasos marcados en el barro del camino.

Con el tiempo, no hizo falta un empuje solidario ni una ayuda
Desinteresada en localizar el fin del presente más cercano.
Tiempo y pasos se asentaron a mitad de la ruta
Viendo la estrella polar destacar su luz en el crepúsculo
Y asomando el cuello para divisar fantasmas del camino
Que sentenciaron a tus pies el lugar exacto del infierno.

lunes, 5 de agosto de 2019


¿Por qué intento interpretar
el pensamiento de los hombres
sin ni siquiera haberlos intuido
ni escucharlos en su continuo griterío?

¿Quien me ha permitido girar despacio
frente a su rostro impoluto de cristiano
que desea un éxtasis permanente
desechando los rezos más atávicos?

Quizá una suave nube, un fresco viento
diamantino y rencoroso me introdujo
en paisajes bucólicos y fáciles de amar
como paisajes del quinientos más antiguo.

Quizá esta música rastrera de gemelas
voces, me mandó ese examen exacto
de ese sino, advirtiendo fuertes vientos imposibles,
sonoras risas más antiguas que yo mismo.

jueves, 1 de agosto de 2019


Pienso que debo llevar de aquí al cielo
otra vida diferente, un mero gesto
de escape insustancial y etéreo,
girar los controles del mando a la izquierda
y dejar pasar el tiempo a su ritmo.
Y aprovechar los días cotidianos
Para no hacer nada insustancial.

Creo que debo mejorar mi figura
de torero antiguo y falso  porte,
dibujar zigzag en el asfalto de gres
Y dejar huir a los inseguros hombres
que circulan inconsistentemente por la acera.

Así quizá logre la firmeza de los marinos,
el arrojo de los fuertes aventureros,
el enigma de las almas consecuentes,
esas que duermen en jergones de acero.


Quienes estamos en desacuerdo con el ritmo 
que marca el quehacer diario de los hombres
y nos volvemos huraños y retráctiles por defecto
deseamos un solo fin que conduzca a la apertura
o , al menos, que defienda una postura indefectible 
que convierta a la piel en mera práctica
de un dulce dolor, de un cielo encubierto de algas 
que acostumbre al alma a ser tan sencilla
para no acabar en los altos andamios,
allí donde los hombres sueñan con lo inescrutable 
con la simple idea de volverse más sociables.