jueves, 15 de julio de 2010

Poesía hablada

Como casi siempre las grandes pertenencias
pertenecen al mundo de los ignorantes.

Yo he sido de los de las grandes pertenencias
también;
he visto enseres de oro como un viejo puñal,
y una vieja alcuza de plata, solamente ornamental;
antiguos objetos que apenas hablaban
y deslumbraban en el silencio.

Pero,sagaces, habréis descubierto
que no pienso dedicarme a los objetos,
simples seres llenos de connotaciones;
más bien del sol
que a todos, sin excusa, alumbra.

Precisamente, hoy he repasado todos mis libros
y me han enseñado a querer
lo más cercano:
no otra cosa que un buen vino y mejor amor
como marca tradición.

Después, me puse en las cuatro esquinas
para apagar los faroles macilentos
y todo se volvió oscuro
como en la antigua noche de los tiempos.

Y de mí hablaban criticando
por ser tan huraño de las calles,
y amanecía en la gradilla más próxima,
la que no me dejó respirar más allá
de los que paseaban por la mañana.

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