lunes, 25 de marzo de 2013

Enema opaco

Quienes a las pruebas diagnósticas se remiten sin compasión
y hacen de una intrusión en el cuerpo un temor equivocado,
aciertan en la intuición, en la verdad de la decencia
de vestir bata floreada o pijama de muerto excelso.

La traparoscopia es un asunto muy serio
a través de la  cual pierdes la decencia del desnudo,
los pocos jugos que restan del alma impía,
la que ignoran las bellas religiones prometidas.

Los fosfatos son inmisericordes, no respetan al esfínter
que lleva adormecido casi diez lustros en casa,
adormecido entre sábanas azules y suaves,
creyendo que domina el mundo intestino interior.

Y todo consiste en solicitar papeles a los ágrafos,
firmar un testamento con argumento,
y dejar correr las vísceras que se diluyen impunemente
por entre las flores de esta primavera tan lluviosa..

2 comentarios:

Juana Berral Baena dijo...

!Qué barbaridad, Jose Mª¡

Si hubieras contado la prueba de forma más prosaica, no hubiera resultado tan explícita.

!Muy buen poema¡

José Mª dijo...

¡El sufrimiento inspira!