viernes, 19 de octubre de 2007

Lo que no queda

No creo en ti, maldito corazón. Tanto tiempo con tus cadenas, con tus lazos perennes,
¿Y ahora vienes con mentiras? Escucha: ni tú sabes ya lo que quieres…

Cortaste mis alas demasiado pronto prometiéndome una vida llena de caricias que hoy no tengo. Me dijiste: "o él o nadie". Y yo, fíjate qué tonta, te creí.
Bebí en la huella de sus pisadas, difuminé sus fallos cerrando los ojos, no quise escuchar palabras amigas ni de sangre…Tú me lo dictabas tan claro: "te he dicho que él o nadie". Así que le coroné como mi hombre; sentí en mi vientre quemar el hueco que engendraría a sus hijos; diseñé en mi mente la casa de los sueños y la pinté de color. Una casa verde como la esperanza, verde ilusión, verde inmadurez, ese verde de la rebeldía que no llegué a tener por tu culpa.
Ya te lo he dicho, me obligaste demasiado pronto a amar como un ciego, a aceptar las puertas cerradas, a conformarme con poco. Todo porque tú me mentías, todo porque tú, estúpido corazón mío me decías que tenía que ser así.
Dicen que he quemado mis años caminando al lado de una sombra mientras me creía la princesa que va pisando una alfombra roja…
Ante sus ojos bajaba la mirada y me acurrucaba pero nunca soñé. Me dejaba querer.
Pero según tú, tenía que ser así; porque él sería el único y nunca encontraría a nadie más, porque sin él se me iría la vida y jamás nadie, nunca, llenaría ese espacio… ¡Cuánto te equivocabas entonces! ¡Ay, cuánto me mentías maldito!
Muchas lágrimas me ha costado ver que no se merece un beso quien no sabe devolverlo. Y tú, corazón, me obligabas a pensar que sin él iba a morirme. Solías decirme cada noche : “ si dejas de amarle me romperé, te haré daño, nunca más me recompondré para ti. O él o nadie. O él o nadie”
¡Estúpida de mí! Sonaba con volar pero bordaba mis sábanas nupciales; quería gritar y ni siquiera movía los labios. Unos labios resecos y apagados, ni besados, ni queridos, ni escuchados.
¿Sabes una cosa? Llegué a pensar que todo era cierto. Ni yo merecía más ni nadie que no fuera él podría ofrecérmelo. Si me lo dictó el corazón desde niña es porque tenía que ser así, ¿no? Después de tantos años no podía estar equivocada. Tú inventaste el inconformismo y yo fui tu mejor discípula.
Pero te equivocabas, corazón, te equivocabas. Y aunque tardé en gritártelo hoy te hablo de lo que no queda. No queda nada de lo que sufrí, ni un simple rastro.
Maldito corazón, escúchame, yo te hablo. Soy yo, estoy en pie, estoy entera y ¿sabes una cosa? Me gusta sonreir.

2 comentarios:

BIBLIORIOS dijo...

Es curioso que el final no puede ser más claro. Y sin embargo, es ambiguo. ¿Realmente está tan triunfadora como aparenta?

Cristina dijo...

"Sonríe siempre, aunque tu sonrisa sea triste, porque más vale una sonrisa triste que la tristeza de no saber sonreir" lo dijo el gran G.G. Marquez y creo que en este caso nos viene muy bien para intentar contestar a tu pregunta. Romper cadenas nunca es fácil, las marcas de los antiguos yugos siempre cuasan dolor,quedan pintados sobre ti aunque sea de manera imaginaria... pero ahí está ella capaz de hablarle de tú a tú a su verdugo, capaz de alzar su voz. Bravo y que cunda el ejemplo.