martes, 6 de noviembre de 2007

EL NIÑO DE CRISTAL

Brígida, una mujer cuarentona aunque con aspecto muy deslustrado, vivía en una pequeña aldea en la que apenas habitaban cien personas. Ella siempre vestía con faldas anticuadas y camisas de su fallecida madre. Para rematar se recogía el pelo en un moño. En la aldea la llamaban “La antigua” porque siempre llevaba puesto algo antiguo.
Diariamente se levantaba muy temprano para irse a trabajar. Trabajaba en la panadería de su tío Jesús, que le trataba como si fuera su hija. Terminaba de trabajar al mediodía y se iba a su pequeña casa a comer. Por las tardes se dedicaba a la costura, a pesar de la fortuna que le había dejado su marido al morir. Su rostro cada día se iba apagando poco a poco y mostraba desinterés por la vida.

Una noche tuvo una pesadilla: estaba en la guerra y había niños que al salir del colegio y llegar a sus casas, veían a sus padres desbastados, destrozados y fallecido tras las luchas.
-¡Mamá! ¡Papá! ¿Por qué me habéis abandonado?- solían gritar los niños llorando.
-¡Ah!- gritó Brígida al despertar.
Durante esa mañana Brígida no pudo quitarse esas imágenes de los niños huérfanos, incluso se lo dijo a su tío Jesús, el cual pensó que había sido una simple pesadilla. Ella sabía que aunque para ella hubiera sido una pesadilla, para otros estaba siendo una realidad.
-Adoptaré a un niño- dijo ella emocionada

Empezó visitando orfanatos y al llegar a uno de ellos, vio a un niño apartado en un rincón que se encontraba en una silla de ruedas. Brígida se acercó. El niño tenía un rostro pálido que mostraba soledad. Vestía con un pijama deshilachado en las mangas. El cuerpo del niño permanecía inmóvil, como si se hubiera congelado el tiempo.
-¿Cómo te llamas?- pregunto Brígida.
-Roberto- dijo apenas sin ganas y moviendo únicamente la cabeza.
-¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?- preguntó ella preocupada.
- Tengo una enfermedad en los huesos. Es la enfermedad de los huesos de cristal. Ahora seguramente harás como todas las personas que me iban a llevar a sus casas y al enterarse de mi enfermedad se marchaban- dijo desilusionado.
- Me voy. Pero te prometo que volveré a por ti.
La mujer hizo todo tipo de papeleos para poder adoptar a Roberto, pero había una barrera que se lo impedía.
-Roberto no está en condiciones para irse a una aldea tan pequeña, allí no tiene los medios suficientes que requiere su enfermedad- dijo un agente social tras mirar el informe de su casa.
-Si usted cree que no está capacitado, dentro de un mes lo estará. Roberto es un niño más en este orfanato y me lo llevaré aunque tenga que remover tierra y mar- exclamó Brígida medio enfadada.

Días más tarde, Brígida contrató a unos de la aldea para que trabajaran en el proyecto de construir una gran mansión con habitaciones climatizadas, una gran cocina, salones anchos y escaleras adaptadas para Roberto. También contrató una médica permanente para el niño. Brígida pensó que era el momento de utilizar la herencia de su esposo.
Poco a poco los obreros construyeron la mansión y en un año estaba acabada. Había quedado preciosa. Todo estaba perfecto. Cada uno de los rincones estaban adecuadamente adaptados para el niño. Ella presentó el informe de su nueva mansión a los agentes sociales.
-Esto es increíble, Roberto podrá instalarse en la aldea.
Brígida fue al mismo lugar donde vio a Roberto por primera vez. Allí estaba. Con la misma cara diaria y aspecto. Al verlo, cambió:
-¡Has venido!- dijo gritando.
- Lo prometido es deuda. Te vendrás conmigo a nuestra nueva mansión en la aldea.
Brígida ayudó a Roberto a desplazarse a su habitación para hacer la maleta y recoger las pocas cosas que tenía. Al rato, Roberto se despidió de todos sus compañeros aunque no se hubiera relacionado mucho con ellos.
Al salir por las puertas del orfanato Roberto fue consciente de que para él se abría un mundo lleno de oportunidades e ilusión. Esperarla había merecido la pena. Derramando lágrimas dijo:
-Nunca imaginé que alguien podría devolverme la vida, la esperanza. Gracias, mamá.

Silvia Miranda Gálvez ( 3º E.S.O “A” )

3 comentarios:

isabel dijo...

Un cuento muy bonito, Silvia, bien escrito, con mucha sensibilidad, felicidades, y espero que continúes escribiendo más cuentos y que podamos leerlos aquí, animo, verás como los disfrutas tu también.

Miguel Calvillo dijo...

Silvia, enhorabuena, eres la primera alumna que publica en el club.
Espero que tu ejemplo anime a más.

Cristina dijo...

Yo quiero alumnos como estos!!! Que me cambien de centro!!!
Bravo Silvia.