martes, 22 de julio de 2008

Un rechazo evidente

La ciudad está hoy fatigada y duerme.
Son las cuatro.
Algunos reflejos acuden a cerrar la tarde
que ahora empieza...y los seres se abandonan.
Es la siesta.

¡Sentirse triste y desganado es tan fácil...!
lamentar momentos de oscuridad es sólo un deseo
como despreciar cualquier intento de acción
o inocular veneno en los vientres más vírgenes.

La ciudad duerme,
se diría que siempre ha pasado el silencio por aquí,
que las abejas nunca han existido
y que el viento ha sido un ligero soplo inaudible.

La ciudad duerme...
mientras una vieja, sola, mira al cielo
pidiendo que no la solicite tan pronto.
¡Prefiere este silencio, esta soledad...!

El adiós

Qué pronto nos dispersaron
mientras el tren discurría sin compasión
y largas lenguas de humo maldecían
a la tarde herrumbrosa y casquivana;

qué vanidad la del viajero olvidado,
el del adiós inesperado por seguro
con pequeña recompensa que eran besos amargos
acudiendo tarde y pronto como nunca.

Qué largo adiós en la lejanía...

Agridulce aguafuerte... Descosido de hilos
desmembrado y turbio como la miseria
el tren arrojaba lamentos sin sentido y sin regreso.

domingo, 20 de julio de 2008

EL arte de asesinar al poeta

Este poema fue el que dio título a un libro que escribí en 2005 después de haber mostrado mis textos a una persona y no obtener el resultado que esperaba, ya he publicado en este blog otro de los poemas del libro y conté la historia. Cuando escribes un libro entero, y a mí me pasa con frecuencia, no reparas en el poema individualmente, hasta que un día vuelves a ellos y los ves con otros ojos. En este libro yo me desahogaba de una mala experiencia, y en vez de escribir un texto panfletario flagelándome por la incomprensión, fui capaz de escribir poemas que algún tiempo después han llegado a servirme, me han ayudado a creer en mí, que a veces dudo -como todo el mundo supongo- de lo que puedo llegar a conseguir, guste a quien lo lea, o no guste. Esto a veces carece de importancia. Creo que uno de los fines de la escritura es que en algún momento puedan ayudarte a ti mismo, o a alguien en tu misma posición. Ser capaz de mirar las cosas con distancia aunque duelan. En una ocasión Carlos Edmundo de Ory me dijo que el poema era sufrimiento , que el dolor es la poesia en estado puro. Aunque no esté totalmente de acuerdo en que la poesía debe surgir desde el dolor -no siempre-, sí es cierto que al ser un sentimineto tan común facilita su comprensión.




Es una tradición familiar
asesinar al inocente, al mensajero,
al joven o al poeta.
Después de tantos años y guerras,
entre el derrumbe y el olor a limpio,
volvemos cada vez más a menudo
con las manos ensangrentadas.
...De rodillas o descalzos
sumisos o humillados...
Anotamos en la lista interminable
los nombres de las víctimas;
nombres que se olvidan aunque
el gesto no se pierda,
escritos hoy para ser leídos mañana,
de sombra en sombra,
desde ayer hasta antes del alba,
desde el invierno, hasta un cuerpo desnudo
donde el poema se cristaliza.
Luego llega la realidad
con su arte de matar -como tradicional verdugo-,
que con toda impunidad y limpiamente
nos cierra los ojos a plena luz día.

martes, 15 de julio de 2008

Un paseo personal por la novela española ( Parte I)

La sugerente novella de los renacentistas abrió una luz al sexo femenino. Dejó al Gran Duque D’Orsini (el amante de las muy jóvenes mujeres) darle dos besos a los eclesiásticos que repartían hostias a diestro y siniestro, avanzando en una época que nos roza y la obviamos ¿Imaginas a dioses y héroes de la infancia abriendo el camino a las carretas que desembocan en el presidio de Cervantes?

Aquellas novelas que infundían valor a Tartarín de Tarascón con su dama y su dragón, siempre fueron atrevidas, divertidas a los nobles de la época. Las de amor eran sólo cartas que insistían en la lívido de Diego de San Pedro. Algunas veces me acuerdo de Platero, que, por cierto, se aleja más de la marisma para no hacer de una pasión una historia.

De las de Caballerías ya he hablado. Las Bizantinas dejaban a los héroes vagar por anchos mares buscando el mismo fin: el amor de los desesperados. ¿Acaso no es importante un bizco en la picaresca? Siempre se ha pensado en el ciego, un ser inexistente por su propia idea: la de ser ciego en un mundo miserable que espera algo más de los que no lo son. Por ahí va desapareciendo la novela. Empieza a sentirse un cierto resquemor de relato corto que te aleja de los clásicos.

Siempre me han importado las mujeres. Las vi en las antiguas Serranillas con bigote y cierta altura de feministas de ahora. El Guzmán es un afrodisíaco; El Diablo cojuelo un voyeur avant la lettre . Las respeté- ellas a mí no- pensando que podría construirse la nueva novela, pero el “Vaporcillo del Puerto” ondeaba por ese incierto mar de velas y no atendía a la proa ni a la popa.

De mi amigo Cervantes- el gran creador de la novela moderna, sin nombrar la suya- sólo una pequeña batalla con La gitanilla. El celoso extremeño, un gran viejo cornudo deshaciendo los hilos de la historia, con una batalla en la que no hay ganadores ni perdedores -la nueva imagen del Vial Norte- y dos pequeños pilluelos traspasando Sierra Morena para desembocar en la desidia de la gran urbe sevillana en Rinconete y Cortadillo. Ya sé que hay muchas otras cosas más.

No pensaba saltarme las novelas del dieciocho; pero no existen más allá de las reformas de las cuales hoy todos nos sentimos reforzados ¡Sólo Aranjuez!

Bueno, volvamos a la historia de las novelas siguientes. Hubo un señor que criticó todo lo de arriba en su “Teatro crítico Universal” ( ni teatro ni novela);lo llamó teatro para olvidar la historia de Clarín, que hablaba de esa mujer la cual deseaba el amor de la Medicina (no la confundo con Madame Bovary), mientras las calles de Vetusta se surtían de papeles y hermosas lumbres del atardecer. Pero Galdós- ese al que llamaban “Benito el Garbancero”- no perdonó. Creó un pequeño pillo (Gabriel de Araceli) que no se atrevió a luchar con los franceses porque eran pocos. Fernando Calpena era un señor de los de antes, que imaginaba a las señoras en top lees en la Playa de La Victoria con refajo decimonónico. Algunas veces en las pequeñas playas de Sancti Petri- el auténtico- me parece navegar en la gran nave Victoria (la que nunca existió para alegría de los ignorantes) y odiar a Nelson y dejar al gran Faro de Trafalgar iluminar el cielo. Los restantes héroes de Galdós son simples imágenes.

¿Y adónde salto yo ahora?

A Belarmino y Apolonio ¿ un liberal que se convirtió en conservador como los directores de instituto de ahora?

La novela modernista ¿Qué es? Las cerezas del cementerio. Título que me hace recordar al Chéjov en las costas del Gabriel Miró de El Obispo Leproso. Siempre ha sido un timo que ha hecho que me aleje de las novelas extranjeras.

La tremenda guerra- no la primera, ni la segunda- nos dejó aquí abandonados con Las ratas de Delibes (antes las de Pedro en Tiempo de silencio). ¡Qué desastroso título!
Max Aub nunca supo decir nada. Se exilió.

La familia de Pascual Duarte (anterior a las anteriores) fue el fruto de un censor desacompasado que escribió sobre la sociedad madrileña (La colmena) de entreguerras pidiendo tabaco a los pobres. Allí murieron sus ganas de Pabellón de reposo. Su Viaje a la Alcarria buscaba miel y desamor en los labriegos.

jueves, 10 de julio de 2008

EN LAS ESPALDAS DE LOS EDIFICIOS DE NUEVA YORK



En las espaldas de los grandes edificios de Nueva York
aparecen negros
con joyas nunca imaginadas,
vomitan letras con ritmo de blues.

En las espaldas de los altos edificios de Nueva York
se asientan los temores de la Gran Ciudad
los tumores de los dulces vagabundos del Parque Grande.

Parecen que vigilan grandes cascos de platino
las mismas pisadas de caballos
dóciles índices de la imaginación.

LOS CALLEJONES DE LA FACULTAD

( Dedicado a mi gran compañero Miguel Calvillo)


Frente a los frontones de Florencia
faunos asomaban bocas sugerentes
que te hacían olvidar las calles de Córdoba
inimaginables.

El ánimo de los tristes nos acercaba a DISCO TRES
viendo a los dolchegabana de su tiempo
tipos de labios ardientes y féminas de dulces zapatos
que despedían a los mismos tristes a la acera.

Subir adonde los ciclistas
no había pedal que soportara el dolor

Bajamos a los llanos fértiles del aeropuerto
y no había nada, una imagen, una desidia del respeto
a los muertos que aún no habían nacido del alma
de los muertos que vivían en lo acádemico.

Y así nos hicimos licenciados del ayer
aquellos que abandonarían
al más mínimo indicio de soberbia

Nos volvimos imágenes de lo cierto
de las más tremenda mansedumbre.

lunes, 7 de julio de 2008

EN LA MAR

Ahora se podría triunfar frente al mar,
la gente alejándose del invierno
ocupa una línea dulce en la memoria.

Las dunas son cobijo
de débiles almas que no supieron despertar
del amor a tiempo.

A veces, la vida conduce demasiado lejos
atasca ideas que reverberan junto al sol
dejando un ligero sabor a algas

y así el verano aparece inesperadamente
olvida las grandes autopistas
y te encierra en la cabaña
donde los cubiertos son alimañas

Viejos amigos que navegaron en la infancia
aparecen como despiertas sombras
alimentando una parte de la locura.