sábado, 18 de diciembre de 2010

¿ Quién me había preguntado...?

¿Quién me había preguntado esta mañana
sobre la vanidad, sobre la humedad del amor?

Ya, en el silencio de la sala, no recuerdo
el inicio de la jactancia,
de los enormes desatinos a las seis de la mañana.

Desgastándose en el corredor,
me miraba con desgana,
creyendo que ese amor era un sueño intocable,
que sólo eran quebrantos que sanaban el dolor.

Y la vanidad se fue resbalando por las comisuras
de los labios
como una suave y dulce crema de molde,
que , en su ímpetu, era una verdadera roca.

viernes, 10 de diciembre de 2010

El loco de la colina y la infancia

Justamente y ahora, me encuentro
sentado al borde de la colina
que tanto me hizo soñar
en los trigales de la campiña.

Ahora, junto a mi sillón de grandes orejas,
sueño otra vez con las nubes,
con los locos que, en mi infancia,
veía andar sin sentido,
olía a lo lejos...

También veía a chicas muy jóvenes
que miraban con ojos tristes a los chicos...

Y surgían las tormentas de verano de pronto,
y nos cobijábamos bajo el chozo
que destilaba deseos incomprendidos,
alguna pierna enjuta
y senos aparentes...

Allí permanecíamos callados, atentos
y deseosos de la nada;
nos convertíamos, por momentos,
en los grandes locos de la colina.

martes, 7 de diciembre de 2010

Puente de la inmaculada

( Dedicado a mi amigo Paco, que intentaba
viajar a las bellas costas de Cádiz)





Mis vacaciones, en este puente de diciembre,
es augurar sol,
sentir nostalgia de paisajes lejanos,
limitar a las nubes en su furia
y dejar correr a las aguas en su deseo.

El tiempo atormentado por las frustaciones
se muestra a la seis, generoso.
Indica aquello que debe augurar sin razones,
y se hace dócil con la vuelta al penoso trabajo.

¡El tiempo es siempre un límite!

La presencia es una osadía;
la de los jóvenes, la de los viudos,
la de la gente que intuye luces de colores
navideños.

En la puerta de los milagros,
esperaré a que esta lluvia odiosa se aleje;
a que sientas lo mismo que yo,
y que estas nubes tan negras que vislumbro en lo lejano,
sean dulces cúmulos que me hagan soñar.

martes, 23 de noviembre de 2010

Marina

Esperando que el velero se marchara,
las pocas bocas que al viento se escuchaban
eran viejas quejas lastimeras,
antiguos deseos incomprendidos
de las olas del mar o la desidia.

La suave luz de aquella tarde mortecina,
señalaba muy serios caminos de destino,
asumía la herencia de la mar,
la severa justicia de los barcos
que otrora seriamente se escondieran
amenazando al marino más intrépido.

Un horizonte muy lampiño no dejaba de mirar
a nuestros ojos,
indicando con aspecto vehemente
el tremendo peligro, la sola excusa
de las almas que, arrojadas,
se internaban en las aguas más profundas.

Desde la ventana, un áspero sopor me consumía
contemplando las aguas tan azules.
Mi visión quizá ya fuera muy inocente,
o quizá ya equívoca en este tiempo.

Suspiré ,aliñando con mis dedos,
a una vieja pipa de marino
que ya soplaba sus más recónditos deseos;
y me quedé volcado en las alturas
como quien vive una vida de aventura.

sábado, 13 de noviembre de 2010

La mirada de los libros

Ahora los libros descansan tranquilamente
en los anaqueles de la casa.
No se imaginan la luna oscura.

Enseñan sus lomos y escupen un título que dice:
" Lo bello y lo triste", " Ultimas tardes con Teresa" o
" Ana Karenina".
Y permanecen impávidos y serios.

Nunca les hago preguntas, pues me ignoran.
mas ellos conocen mi mirada,
que nunca es inquisitiva, y me dejan
acariciarlos,presumirle y , en la noche, despreciarlos.

Entienden que, con la luz del sol,
todo serán letras difusas en estos ojos
de ya vieja mirada,
que sólo saben descifrar el misterio de sus páginas.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Reflexiones antiguas en la fuente del olivo

Ya no se escuchan las mismas voces aquí...

Es una lástima que no sea así,
porque no debe ser definitiva la dejadez;
o, como dicen los poetas finos, la desidia.

De cualquier manera el milagro es el mismo:
dos onzas de chocolate,
se convierten en un genio de cola larga;
dos amigos,alguien al que agradecer su prepotencia.

Aún recuerdo una cerveza de litro circulando
de boca en boca, con y sin sida,
con el minarete de la catedral al cielo
y la vieja fuente de no caños dorados
refrescando el ardor de la mariguana.

Hoy son habituales los guiris de calcetines blancos;
para nosotros era igual
porque éramos modernos.

Hoy casi todos escuchamos a Haydn con esfuerzo,
a las de Bach suites de violoncelo,
a Elisa de Beethoven;
y nadie es triste...

Parece que fue ayer. Y es verdad.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Una noche, después de los difuntos

¿Quién podría trasegar mi alma ahora,
que encuentra, bien hundido, al fabuloso Eneas
y al dios Cupido?

¿Quién podría, tras tres mares tempestuosos,
arrojar al vacío el alma hueca,
la esencia del olvido?

Esa lucha de voz tan a la antigua entre Venus,Eneas
y su Dido,
son engañifas alteradas por la niebla,
inevitables estigmas de los huesos,
leyenda soportada en el indicio.

¿Quién podría delegar en el amor desenfrenado,
lo que ya son caricias apagadas
o sólo ascuas cada vez más aparentes?

Nada es triste, si el amor es desatino,
fuerte redención, más bien... destino.

Y nuestro insigne Don Juan hoy permanece
cubierto por las nalgas de la monja,
escupiendo hacia atrás como un demente.
Nada es casual.Ese es su sino.