Llevadme a Cuba a mi manera,
desoyendo la pobreza, el auxilio del barco;
más aún la claustrofobia del fuselaje
del pájaro del baluarte...
Llevadme a la Cuba mayor de lo que soy,
porque no entiendo el ritmo,
ni el engaño de las brillantes mulatas.
Llevadme a Cuba en el justo instante
en que las caracolas blanquecinas
suenen a corcheas cuadradas.
Llevadme a Cuba con el ron y el son
de no hacer nada,
y que no exista esa humedad que derrocha
luminosidad de las flores más jóvenes.
Así que, lllevadme a Cuba...
Viajar
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